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EL CASTILLO DE PIOZ :

Iniciada su construcción alrededor del año 1460 d.C. la cual, según diversos estudios, fue encargada al arquitecto Lorenzo Vázquez, persona al servicio de la poderosa Casa de Mendoza para quienes había dirigido anteriormente otros encargos y cuyas obras reflejan una fuerte influencia de las corrientes artísticas predominantes en ese periodo en la península itálica, que en este caso son muy evidentes al ser su traza muy semejante al del Castello de la Rocca Pía de Tivoli, localidad del Lacio, ordenado levantar a los arquitectos Nicolás y Varrón por el Sumo Pontífice Pio II, Francesco Todeschini Piccolomini, en el año 1461 d.C.

El proyecto trataba de aunar en un mismo edificio un recinto defensivo, seguro en caso de ataque, y una residencia palaciega, digna de su promotor.

Iniciada su construcción, fueron los vaivenes políticos del reinado de Enrique IV de Castilla provocados por la llamada "cuestión sucesoria" los que provocaron que su promotor en el mismo año, 1469 d.C., en que era nombrado Arzobispo de Sevilla, considerara la necesidad de incrementar su poder en sus dominios toledanos proponiendo al noble castellano Alvar Gómez de Ciudad Real, llamado el Viejo, secretario del rey Enrique IV, un trato consistente en el cambio de la villa de Pioz, con el ya iniciado castillo, junto a los lugares de El Pozo de Guadalajara, Yélamos de Arriba, Yélamos de Abajo y otros enclaves de la Alcarria, por la fortaleza y villa amurallada de Maqueda. Aceptado el intercambio, sus nuevos propietarios continuaron la construcción del proyectado castillo dando término las obras en los años finales del siglo XV d.C.

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Desolada y, podríamos añadir abandonada a su suerte hasta hace pocos años, la construcción se levanta sobre un pequeño y pelado otero, destacando sobre el caserío de la villa la gran torre del homenaje.

Como muestra de su carácter militar, un grueso muro exterior rodeado por un foso que el tiempo ha ido colmatando estaba destinado a proteger el recinto interior, el auténtico castillo. Levantado mediante el sistema de elevar dos paredes de piedra, escuadrada y en escarpa poco pronunciada la exterior, más tosca la interior, separadas una cierta distancia cuyo hueco se rellenaba de piedra, arena y argamasa compactadas, sobre el que se trazaba el camino de ronda originalmente rematado por un conjunto de almenas y saeteras que formaban un resguardado adarve.

Imagen2historia   Imagen3historia Muro Exterior del Castillo de Pioz en el que se observa la escarpa.

El sistema defensivo de esta primera línea de resistencia se completaba con una serie de torreones cilíndricos situados tanto en las esquinas, el situado en el ángulo noroeste al pie de la gran Torre del Homenaje alcanza unas mayores dimensiones, como en el punto medio de estos muros exteriores, salvo en el correspondiente al lienzo meridional donde se abre el gran portón de acceso al recinto.

En sus tiempos gloriosos para acceder al recinto interior del castillo era preciso salvar el foso, hoy cegado, mediante un puente levadizo defendido por dos fuertes machones semicilíndricos que se abatía sobre una plataforma o pontón de la que se intuye la parte superior del arco, levantada con la misma técnica que el muro exterior y que hoy queda prácticamente oculta.

Imagen4historia Baluarte del muro exterior del castillo de Pioz situado al pie de la torre del Homenaje.        

Imagen5historia Pontón de acceso sobre el foso del castillo de Pioz, hoy día prácticamente cegado.

Los machones de protección del puente, cuya altura en origen debía ser mucho más elevada, soportan un gran arco en medio punto que conserva en algunos lugares, como uno de los huecos destinados a encajar una de las hojas de la puerta, restos de la característica decoración de bolas de ese periodo, y sobre el que originalmente se debía situar una segunda estructura en la que además de figurar el pertinente escudo con las armas de su propietario, se levantaría el habitual matacán de protección de la puerta de entrada.

Ante la imposibilidad de acceder al interior del recinto por este punto, una reja de hierro asegurada con candados nos impide el paso, recorreremos en busca de un acceso su perímetro exterior en sentido contrario a las agujas del reloj.

Imagen6historia Camino de acceso al interior del Castillo de Pioz, que ocupa el lugar del antiguo puente levadizo que salvaba el hoy cegado foso.

Este recorrido por el exterior de la fortificación nos permite comprobar que en su construcción se utilizaron las técnicas de ingeniería militar más avanzadas de la época que se ejemplariza en el hecho de ser las torres esquineras y centrales de reducida altura dotadas de plataformas amplias, como parece indicar la existencia de múltiples canes que sobresalen de sus muros, preparadas para ubicar en su parte superior piezas de artillería del tipo bombarda trabuquera, culebrinas o falconetes, al tiempo que grandes saeteras del tipo cruz con orbe que se abren bajo este nivel que por sus dimensiones son adecuadas para la utilización de arcabuces y ballestas.

Nuestro recorrido se interrumpe en el muro opuesto al que se encontraba la entrada principal donde localizamos una pequeña poterna abierta en el muro.

Imagen7historia Ángulo Sureste del muro exterior del Castillo de Pioz.                                                                                                Imagen8historia 

Torre situada en el punto medio del muro exterior del Castillo de Pioz en el que se observan los canes situados en su parte superior destinados en su día a soportar la plataforma superior.

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Escalera que comunica el portillo del muro septentrional con el recinto interior del Castillo.

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Vista del portillo abierto del muro septentrional del castillo de Pioz desde el recinto interior.

Situada al nivel inferior del foso, se trata de una estrecha abertura en arco de medio punto que da acceso a una empinada escalera en ángulo que nos va a permitir acceder a su interior a la altura del camino que separa el muro exterior de las recias paredes de la fortaleza interior, un recorrido que nos permite comprobar que siguiendo las normas más elementales de defensa la puerta de acceso al interior del núcleo central no se localiza frente a este acceso ni, como ya pudimos comprobar, el principal, sino en el lateral más próximo a la Torre del Homenaje.

Protegida por esta última, poco queda de ella salvo el hueco en el que se abría y un par de piedras del dintel superior cuya forma nos permite suponer que se trataba de una puerta de dovelas de piedra en arco de medio punto.

Traspasado el umbral nos encontramos con un gran espacio vacío en el que únicamente se mantienen en pie los muros exteriores y los torreones que ocupan sus ángulos, brotando por doquier restos de muros derruidos de lo que en su día, y si consideramos que su diseño seguía la traza del ya citado Castello de Rocca Pía, debían formar parte de un hermoso patio de estilo renacentista.

Los torreones situados en las esquinas sureste, noreste y noroeste presentan parecida traza, planta circular, estando originalmente sus accesos, unas estrechas aberturas, situados al nivel del patio, pero que hoy quedan a una cierta altura al desaparecer el suelo original del que solo se conservan los huecos abiertos en los muros en los que encajaban los extremos de la vigas de madera que lo soportaban.

Imagen11historia Interior de la fortaleza del Castillo de Pioz.   Imagen12historia Acceso desde el recinto interior al torreón situado en el ángulo Suroeste.

Por las marcas conservadas en sus muros podemos deducir que la fortaleza tenía al menos dos plantas abriéndose a diferentes alturas huecos que en la mayoría de los casos no parecen corresponderse con las originales.

Respecto a la dominante Torre del Homenaje es de destacar su planta, circular en sus caras exteriores y recta en las interiores, en una de las cuales se localiza su puerta de acceso que, situada a una cierta altura sobre el nivel del patio, se encontraba protegida por un pequeño puente levadizo de contrapesos que abierto descansaba sobre un resalte del muro que se conserva en parte, disposición que permitía, en caso de perder el control del muro exterior y del propio patio, convertir esta Torre en el último reducto, casi inexpugnable, de la defensa.

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La Torre del Homenaje de planta exterior circular e interior cuadrada ocupa el ángulo noroeste de la fortaleza del castillo de Pioz.

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Vista del acceso al interior de la Torre del Homenaje de la fortaleza del castillo de Pioz en el que se aprecia el arranque de la escalera de caracol de subida a las plantas superiores.

Poco más podemos comentar de este bastión, cuyo interior debía contar con varios pisos, dado que en el año 1840 d.C. y a consecuencia del fallecimiento de Doña Vicenta de la Cerda y Oña, sus herederos proceden a la venta de la villa y el propio castillo, siendo este último adquirido por un particular que ordena demoler el interior de las torres para destinarlas a palomares.

Nuevamente en el exterior de este recinto, que en tiempos debió ser un esplendido, nuestro siguiente objetivo son los baluartes del muro exterior, cuyo interior, que se cubre con una bóveda semiesférica, estaba dividido en dos niveles; uno superior en el que se abre una saetera del tipo orbe y cruz para donde situar arcabuceros o mosqueteros y, otro inferior, para el almacenaje de los bastimentos.

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Vista del derruido interior de la Torre del Homenaje del castillo de Pioz, que fue convertida en el siglo XIX d.C. en un enorme palomar.

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Vista de la puerta de acceso al recinto interior del castillo de Pioz en la que se observan los restos de los huecos en que se encajaba la puerta.

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Vista del interior de una de las torres esquineras del castillo de Pioz en la que se observan la saetera del tipo orbe con cruz y los huecos del nivel inferior.

Imagen18historia  Vista de una de las saeteras del tipo orbe y cruz del interior de una de las torres centrales del castillo de Pioz.

En algunos casos se abren estrechas aberturas en el nivel inferior de estas torres más destinadas a la vigilancia que a ser utilizadas para ubicar armas. Nuestro recorrido por el interior del castillo concluye en el mismo punto en el que lo iniciamos eso sí, no sin antes pasar por el cerrado acceso principal, comprobar que el antiguo pozo ha sido cegado posiblemente por motivos de seguridad y que el acceso al adarve se realizaba mediante escaleras dobles.

Nuevamente en el exterior ha llegado el momento de dejar atrás este mudo testigo de las incesantes luchas nobiliarias del Reino de Castilla, que fue residencia, entre otros personajes, de Don Alvar Gómez, el Joven, afamado poeta de la Corte de Carlos I de Habsburgo, para encaminarnos hacia la plaza del pueblo.

Imagen19historia  Inmenso muro de piedra al que los asaltantes debían enfrentarse una vez hubieran accedido al recinto interior del castillo de Pioz.

Imagen20historia  Restos de una de las escaleras dobles de acceso al adarve del castillo de Pioz.

Imagen21historia Restos del antiguo pozo del castillo situado en el recinto exterior.

RETOMANDO la historia de la villa, que habíamos dejado interrumpida en el momento, mediados del siglo XV d.C., en que se inicia la edificación del castillo, pudiéndose decir que a partir de esa fecha la historia de ambos, villa y castillo, van unidas. No obstante es conveniente recordar que el primer poseedor del Señorío de Pioz, fue Don Alvar Gómez, el Viejo, quien fundo dicho Mayorazgo en el año 1475 d.C., siendo sucesivamente heredado por miembros de su familia como figura en el capítulo dedicado a la villa en la Relación del reinado de Felipe II, cuyo preámbulo señala :

En la Villa de Pioz a onze dias del mes de Mayo de mil e quinientos setenta y nuebe años se hizo ayuntamiento por la Justicia, y Regimiento, y Diputados dél en las casas de su Ayuntamiento á campana tañida, ............

Expresión muy interesante, a campaña tañida, sistema tradicional de convocatoria vecinal y que explica el motivo de poseer las Casas Consistoriales, aun hoy en día, una campana en el edificio, y en cuyo punto octavo se señalaba que :

Al octavo Capitulo dixeron que esta Villa de presente es de un Jusepe Gomez de Mendoza que la obo y la eredó de Don Pedro Gomez de Mendoza, su padre, por su persona y muerte, vezino que fue de la dicha ciudad de Guadalaxara, y que saben que a los susos dichos les heresdio don Pedro Gomez y Alvar Gomez abuelo y bisaguelo del dicho Don Jusepe Gomez de Mendoza, y lo demás que no lo saven.

La muerte en el año 1614 d.C. del citado Jusepe Gomez de Mendoza sin descendencia directa provoca el inicio de una serie de pleitos por su propiedad.

Estos pleitos concluyen en el año 1619 d.C. cuando se dicta sentencia entregando el Señorío de Pioz, junto a su villa y castillo como Séptimo Señor de Pioz, a Don Antonio de la Cerda Zárate, descendiente directo de Doña Inés Gómez, hija primogénita de Don Alvar Gómez, Primer Señor de Pioz.

Esta familia continua en su posesión durante largos años como se deduce de la llamada Relación del año 1759 d.C. en cuyos primeros puntos se señala que : 1.ª y 2.ª Dijeron llamarse esta población la villa de Pioz, y es de la provincia de la ciudad de Guadalajara; que es de señorío y pertenece á D. José de la Cerda, residente en la ciudad de Calatayud y los derechos que percibe son: Martiniega, portazgo y dos regalos al año que por razón de reconocimiento de vasayaje le hacen de tiempo inmemorial ..............

Como ya hemos señalado el fallecimiento en el año 1840 d.C. de Doña Vicenta de la Cerda y Oña junto a la supresión de los señoríos y la extinción de los mayorazgos en el año 1837 d.C. propició la venta del castillo y la desaparición de la servidumbre de la localidad, iniciando una nueva etapa llena de altibajos económicos y sociales al compás de la propia evolución del país, situación que sufre una importante mutación en esta última década cuando se desarrollan en su término municipal diversas urbanizaciones residenciales, cuyos ingresos junto a las aportaciones vecinales han posibilitado la compra del castillo y su recuperación para el patrimonio municipal.

Como es habitual ya en la plaza del pueblo, se alza la Casa Consistorial y la iglesia parroquial de la villa dedicada a San Sebastián.

LA IGLESIA DE SAN SEBASTIAN :

Se trata de un interesante edificio cuya fábrica muestra las sucesivas ampliaciones y modificaciones sufridas por el mismo a lo largo de los siglos cuyos elementos más característicos son el ábside semicircular y la achatada y recia torre, siendo sus primeras referencias históricas las que figuran recogidas en la ya citada Relación del reinado de Felipe II en cuyo capítulo 38 se señala que: A los treinta y ocho Capitulos dixeron que en esta Villa no hay Yglesia Catedral mas de una Parroquia, que se dize San Sebastian, por ser su bocazión, y lo demás que no las hay en esta Villa.

Perteneciente al Arzobispado de Toledo cuyos señores Arzobispo y Canónigos percibían los diezmos, al igual que el Arcediano de Guadalajara de quien dependía.

Construida en piedra de sillarejo y ladrillo cocido, presenta nave rectangular con la torre a sus pies y crucero cuadrado sobre elevado que se cierra en un ábside semicircular, habiéndose adosado a ambos lados diversas capillas y dependencias, sacristía, baptisterio y un atrio cubierto que han alterado su fisonomía.

A destacar el ábside, posiblemente el elemento más antiguo del edificio, levantado con piedra de sillarejo alternado con filas simples de ladrillo cocido, técnica propia de alarifes mudéjares y que proporciona una mayor solidez. El coronamiento está realizado igualmente en ladrillo cocido formando una cenefa en dientes de sierra, mientras que en su parte central se abre una pequeña ventana abocinada hoy cegada, habiéndose abierto otra sin interés en uno de sus laterales.

A la derecha del ábside, sobre una de las capillas adosadas a la nave del templo, destaca una linterna, posiblemente levantada en el año 1906 d.C. con la llegada a la localidad de la imagen de San Donato, patrón de la villa. Respecto a la torre campanario, de un solo cuerpo, planta cuadrada y aberturas en arco de medio punto en cada una de sus caras, llama la atención la gran campana que ocupa una de ellas.

La tan citada Crónica de Felipe II nos descubre en otro de sus capítulos que en aquellos tiempos la villa poseía dos ermitas :

A los quarenta Capitulos dixeron que en esta Villa y su jurisdizion hay dos Herrriitas; la una que se dize nuestra Señora de la Mata, y la otra se dize San Roque, que son debotas y acuden á ellas ciertos pueblos comarcanos en tiempo de necesidad con sus prozesiones.

De las citadas ermitas no se conservan huellas visibles aun cuando en uno de los márgenes de la carretera autonómica CM-2004 una sencilla cruz de piedra recuerda el emplazamiento de una de ellas, posiblemente la dedicada a San Roque.

Fotos y textos : José María Duchel de Mumbert.